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Rinitis


La rinitis o afección que ataca sobre todo a la mucosa nasal. Se trata de una enfermedad cada vez más común que deteriora la calidad de vida del paciente y provoca una disminución del rendimiento escolar y laboral. Si no se sigue el tratamiento adecuado se pueden desarrollar problemas de asma y pólipos en la nariz, que causan la pérdida de olfato y requieren intervención quirúrgica. En el caso de las embarazadas, su estado provoca la aparición de la enfermedad o su empeoramiento y, cuando se trata de niños, la mala respiración causada por la rinitis conlleva malformaciones en el paladar. La apnea o trastornos del sueño es otra de las causas de esta patología.

Tipos de rinitis

Esta enfermedad que afecta a la mucosa nasal puede provocar la inflamación de ésta (rinitis inflamatoria) o estar causada por una alteración en los vasos sanguíneos o hipertrofia de los cornetes nasales (rinitis no inflamatoria). Cuando se produce inflamación es causada en la mayoría de los casos por una reacción alérgica a pólenes, ácaros, mohos o epitelios de animales. Respecto a los síntomas, la inflamación provoca estornudos, picor, obstrucción y secreciones nasales, mientras que la característica más frecuente cuando no existe inflamación es la obstrucción.

En la actualidad el número de casos detectados con rinitis es cada vez mayor debido al incremento de los enfermos alérgicos, sobre todo, entre los niños. La razón de este aumento se debe al incremento de la contaminación ambiental, ya que, por ejemplo, los vehículos con motor diesel provocan que los pólenes sean más agresivos en primavera.

En cuanto a la rinitis inflamatoria o alérgica, puede ser perenne, con síntomas diarios, o estacional, causada por pólenes o alergenos procedentes de árboles y pastos, o transportados a través del aire. Aproximadamente, la mitad de los casos de rinitis se corresponden con rinitis alérgicas y están asociados en un 75% con pacientes asmáticos.

En el caso de la rinitis no alérgica los síntomas están presentes a lo largo de todo el año. Los enfermos suelen padecer congestión nasal y dolor de cabeza, además de fiebre cuando la rinitis tiene su origen en un virus. Es lo que se conoce como resfriado común. La rinitis puede tener un componente vírico, es decir, puede transmitirse a través de un virus o un componente genético.

Otras causas de esta patología son el uso de descongestionantes que se adquieren sin receta médica (rinitis medicamentosa), una infección en los senos nasales u otra área (rinitis neutrofílica) o anormalidades que tienen su origen en una fractura de nariz o pequeños desvíos (rinitis estructural).

Complicaciones

Pese a no estar considerada una enfermedad grave, la rinitis puede presentar complicaciones que en el caso de los niños puede provocar mala respiración, alteraciones del sueño y deformidades en el paladar y los dientes,siendo necesario en estos casos un tratamiento de ortodoncia. Los expertos indican que cómo la rinitis impide a los más pequeños respirar bien, mientras que en los adultos puede provocar apnea e hipertensión, aunque las complicaciones más habituales son la aparición de sinusitis o pólipos en la nariz, una formación que suele ser benigna, aunque conlleva la pérdida de olfato y requiere una intervención quirúrgica.

Además en algunas mujeres embarazadas, su estado favorece la aparición de la enfermedad si no la tienen diagnosticada y, si la tienen, se puede complicar, puesto que hay determinados medicamentos que no se pueden utilizar y se dificulta el control de la enfermedad. Pero ésta no es la única complicación asociada a la rinitis, puesto que también se relaciona con la aparición de asma y la dificultad para respirar si no se aplica el tratamiento adecuado, así como con la aparición de costras y bronquitis.

En el plano físico, esta enfermedad puede contribuir al deterioro de la calidad de vida del enfermo puesto que afecta a su estado emocional, vida social e, incluso, en los niños alérgicos puede influir en su rendimiento escolar y capacidad de aprendizaje. En este sentido, la enfermedad es también causa de fatiga, dolor de cabeza y alteración en el sueño, al tiempo que presenta a menudo problemas de conjuntivitis, que pueden complicarse en temporadas de mayor concentración de pólenes.

La alergia a pólenes y epitelios de animales puede afectar, además de a la mucosa de la nariz, a los ojos, produciendo su inflamación con picor, enrojecimiento y lagrimeo. Muchas veces en los alérgicos a los ácaros del polvo doméstico y a las esporas de hongos estos síntomas pueden seguirse de la inflamación de los bronquios y provocar la aparición de asma bronquial.

Tratamiento

El diagnóstico de la rinitis ayuda a determinar la duración, época de aparición y frecuencia de la enfermedad. Unos resultados que se obtienen gracias a una rinoscopia anterior, realizada mediante un aparato denominado rinoscopio que permite ver la mucosa nasal y apreciar una posible inflamación, malformaciones en los cornetes o la presencia de pólipos. Las pruebas cutáneas permiten, además, obtener información acerca de los alergenos que causan la enfermedad.

Una vez conocidas las causas, el especialista determina el tratamiento adecuado para evitar los síntomas y un empeoramiento del paciente. Si se trata de una rinitis alérgica, la enfermedad se puede llegar a superar y el paciente puede encontrarse perfectamente si sigue el tratamiento. Por el contrario, si la enfermedad no se trata, suele derivar en casos de asma.

El tratamiento incluye el uso de pomadas nasales que evitan el picor o la toma de antihistamínicos por vía oral, que bloquean la histamina, uno de los mediadores más importantes que causan alergia. Además, los descongestionantes facilitan la respiración y ayudan al enfermo a respirar mejor, mientras que otros fármacos reducen la inflamación, los colirios controlan la conjuntivitis y las inyecciones (inmunoterapia) estimulan al sistema inmunológico para ofrecer una resistencia cada vez mayor a los alergenos. La técnica consiste en introducir en el organismo, en dosis cada vez mayores, los alergenos que causan la rinitis. De esta manera, se aumenta la producción de anticuerpos que impiden la alergia.

Todos estos tratamientos controlan los síntomas y disminuyen su severidad sin tener que llegar a una intervención quirúrgica, excepto en el caso de aparición de pólipos, que obligan a eliminar el tejido de la nariz afectado, en una operación limitada a la extirpación del pólipo.

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